Emociones, virtualidad y nuevos retos

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Todos estamos enfrentados a una nueva situación de cambios, cuidados y distanciamiento social lo que ha permitido que nuestros niños, niñas y adolescentes estén inmersos en el mundo tecnológico, aún más de lo que estaban acostumbrados dado a la limitación de salir y estar en confinamiento. Este mundo tecnológico es tan amplio que a veces no nos alcanzamos a imaginar todo lo que ellos pueden encontrar, gran diversidad de información, nuevos retos, riesgos en compartir datos, etc.

El hecho de estar en la necesidad de incluir la virtualidad en este momento de pandemia para que algunos niños (los que tienen acceso a la conectividad), puedan estudiar, requiere que los adultos cambiemos las reglas que teníamos previamente para enfrentarse a este reto actual. La era digital está más viva que nunca y no debemos apartarla de nuestro día a día, hay que conocerla y acompañar a nuestros hijos a utilizarla de una forma adecuada.

El estudio a través de una modalidad diferente a la presencial, ha hecho que los docentes replanteen los métodos a utilizar como la asignación de talleres, la utilización de medios como radio y televisión, el uso de TICs y las clases sincrónicas y asincrónicas por diferentes plataformas que ayudan a los estudiantes a avanzar y no perder su año académico. Sin embargo, la institución educativa no solamente es un lugar físico donde los estudiantes van a aprender, también permite interactuar con otras personas, adultos, figuras de autoridad, pares, amigos y se vuelve ‘su mundo’, y para otros su segundo hogar, porque viven diversas situaciones y experimentan emociones cotidianas que los ayuda a crecer como personas y desarrollar las habilidades básicas para la vida.

Tácitamente hay una restricción en el manejo de redes sociales durante el tiempo de permanencia en la institución educativa, pero ahora tenemos muchachos      online 18 x 7, básicamente excluyendo las horas de sueño que, analizándolo bien, atrasan la hora de acostarse a dormir y en oportunidades las horas totales de sueño. No obstante, si los niños, niñas y adolescentes estudian por medio de talleres, los cuales se realizan en casa y luego envían al colegio, la restricción de uso de redes es menor porque ‘manejan el tiempo’ todo el día.

Los retos para el sistema educativo son amplios, y lastimosamente no se ha podido dar la cobertura necesaria a todos los municipios del país para avanzar en la academia, pero los retos como padres y cuidadores continúan, porque en este momento es la casa, el lugar donde se encuentran, solos o acompañados, supervisados o no, donde ellos tienen acceso a la conectividad de manera permanente y aparece el reto virtual.

Los retos siempre han existido como desafíos en los que se plantea que la persona realice un acto como si fuera la modificación del juego ‘a que no se atreve’. Estos desafíos aparecen durante la etapa de crecimiento de niños y adolescentes, se difunden en redes sociales y desaparecen continuando un círculo vicioso con un nuevo reto; pero, ¿por qué nuestros adolescentes persisten con estos retos?

La etapa de adolescencia es un momento en el curso de vida donde se continúa el proceso de desarrollo gracias a la maduración de la corteza prefrontal, por lo que su comportamiento puede ser impulsivo, actuar sin pensar en las consecuencias y ser fácilmente influenciables por situaciones de moda. Es aquí donde aparece la cultura de riesgo que, sumada a las experiencias previas y la búsqueda de estrategias para la creación de estilos de vida propios, se mezcla con un mundo digital facilitado por el uso de las redes sociales donde se busca ser popular, pertenecer a un grupo social, obtener un like, status, aceptación o validación de grupo haciendo parte de la cultura de las masas. Lo anterior, sin tener presente el peligro que esto conlleva o a pesar de saber la posible consecuencia, aparece la capa de ‘superpoderes’ del adolescente cuando dice: “A mí no me va a pasar”.

Crisis= oportunidades

Las emociones hacen parte de nuestro motor, todos los días nos muestran que somos seres sensibles a las situaciones externas que hacen que comprendamos nuestra realidad y tienen una función. En oportunidades hay situaciones que nos generan estas emociones, en otros casos, no las hay.

Las emociones no son buenas ni malas, tienen un porqué y un para qué. Si pensamos en el miedo o estrés, son emociones que me informan de situaciones que me generan incertidumbre o interpreto como amenazantes y me conllevan a la búsqueda de protección para poderme cuidar. La sensación de vulnerabilidad se relaciona con hechos que no podemos controlar y es necesario identificarlos porque cuando existe una situación externa que no depende de mí, no se relaciona con ‘perder el control’ o ‘no ser capaz de manejarla’, sino que hace referencia a situaciones que no podemos controlar pero a las que si nos podemos adaptar.

Este es el ejemplo de la pandemia, en la cual esta crisis nos hace reflexionar de como una situación extraordinaria modifica todos nuestros comportamientos sociales y la falta de claridad y certeza de lo que va a pasar más adelante, exacerba algunos síntomas esperados a este confinamiento, como el miedo, la soledad, la sorpresa, la ira, la tristeza, el estrés y la ansiedad, y todas estas reacciones tan diversas generan una inestabilidad emocional aceptable para la situación actual.

Cada persona debe identificar estas emociones y entender por qué están presentes en todas las personas, ya que son la esencia de nuestras interacciones sociales y hay que aceptarlas. No es adecuado esconderlas, negarlas o desviarlas, mientras utilizamos el tiempo en redes sociales porque prolongamos esta vivencia emocional y nos anulamos como seres humanos.                                                                                 

Es por esto que se debe alertar a la comunidad en general, los adolescentes y sus familias para que se conozca por qué triunfan los retos en redes sociales, y se eduque y acompañe a los menores en el uso seguro y responsable de la tecnología, brindando la confianza en ellos para que ante algún problema pueden buscar ayuda en sus padres. También es importante que todos estemos actualizados, así no seamos nativos digitales, hablar con los adolescentes, ayudarlos a pensar si estos retos son seguros o que riesgos pueden tener para ellos o los demás, e identificar posibles situaciones de riesgo como presión social, baja autoestima, búsqueda de su identidad, etc., ejerciendo el control parental sobre el uso y contenido de las redes sociales.

 

Marcela Fama

Pediatra y Presidente SCP

 

Andrea Guzmán,

Psiquiatra de Niños y Adolescentes

Miembro regional Quindío SCP