¡No más castigo físico contra niños, niñas y adolescentes!

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El Congreso de Colombia aprobó recientemente el Proyecto de Ley No. 320 de 2020, “Por medio de la cual se prohíbe el uso del castigo físico, los tratos crueles, humillantes o degradantes y cualquier tipo de violencia como método de corrección contra niñas, niños y adolescentes y se dictan otras disposiciones”, iniciativa que está en trámite final para la sanción presidencial.

La Sociedad Colombiana de Pediatría (SCP) acompañó de manera comprometida este proceso legislativo, que beneficia a nuestra infancia y adolescencia, con miras a una crianza humanizada y humanizante que respete los derechos y el interés superior de los niños, niñas y adolescentes.

Dialogamos con el doctor Juan Fernando Gómez Ramírez, Pediatra Puericultor y actual Director de nuestro Programa Crianza y Salud, quien coordinó el apoyo de nuestra agremiación a esta importante iniciativa.

 

  1. ¿En qué consistió el acompañamiento de la SCP a la presentación del Proyecto de Ley No. 320 de 2020?

El aporte de la Sociedad Colombiana de Pediatría en el discurrir legislativo de este importante Proyecto de Ley, tuvo que ver con una contribución de tipo académico al marco conceptual de la propuesta. La participación de las directivas actuales de la SCP y los expertos en crianza y Puericultura, así como la de nuestras regionales de Bogotá y Antioquia, fue muy notoria e importante para este aporte institucional.

Hicimos también énfasis en la necesidad de una transformación cultural en lo referente a la extinción del castigo físico, que permita su prevención en las nuevas generaciones de padres o la acción de desaprenderlo como práctica de crianza, cuando ya ha estado instaurado en el contexto de la vida familiar.

 

  1. ¿Por qué el castigo corporal se ha convertido en la manera más frecuente para corregir las conductas consideradas inadecuadas en nuestra infancia y adolescencia? 

En nuestro país, el castigo físico está muy incorporado en la cotidianidad de la crianza, representando para los niños traumas evidentes de variada índole, que dificultan el normal discurrir de la crianza y generan una serie de consecuencias negativas que vamos a analizar.

Investigaciones recientes en Colombia, hablan de la prevalencia del castigo físico en la vida familiar, que va desde el 40% al 70%, siendo esta última cifra reportada en una investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Sabana.

La idea clara desde la Pediatría apoyada en una gran cantidad de estudios científicos, es que el castigo corporal debe salir del contexto de la crianza y ser reemplazado por otros mecanismos no dolorosos ni humillantes, que permitan confrontar las conductas inadecuadas en que puedan incurrir los niños, niñas y adolescentes.

 

  1. ¿Cuáles son las consecuencias del castigo físico en los niños, niñas y adolescentes?

 Dr. Juan Fernando Gómez (centro), Pediatra Puericultor y Director del Programa Crianza y Salud de la SCP.

El castigo físico atenta contra la dignidad, esto es, el valor intrínseco que cada persona tiene por el solo hecho de pertenecer a la especie humana. La dignidad es innata e inexpropiable y se vulnera de manera notable cuando la persona es sometida a situaciones de humillación y dolor.

El castigo físico afecta la autoestima de quien lo padece, definida esta como el sentido del valor personal. Nadie nace con autoestima, esta se va generando en la medida en que el niño o la niña se relacionan con el entorno, y si ese entorno desconoce la dignidad, va afectar de manera negativa la autoestima.  Recordemos que para afrontar la vida en las mejores condiciones es necesario un buen nivel de autoestima. La preocupante afirmación de un experto, en el sentido de que: “Un niño maltratado por sus padres no deja de querer a sus padres, deja de quererse a sí mismo”, debe inspirarnos una profunda reflexión.

El castigo físico legitima la violencia como forma de relación entre los seres humanos, es decir que la incorpora como una manera efectiva para relacionarse con los demás. Un sabio proverbio afirma que: “El que pega para enseñar, está enseñando a pegar”. Esa legitimación intergeneracional de la violencia cuando el castigo físico está presente, es muy dañina a nivel personal y sobre todo social.

El castigo físico contribuye a reafirmar la falacia de que los hijos son propiedad de los padres y que un padre puede hacer con ellos lo que le venga en gana. Esto es totalmente falso. Los hijos no son propiedad de los padres, son seres humanos con una libertad en formación que necesitan orientación, ejemplo y guía como elementos fundamentales en su acompañamiento

Ángela Marulanda, reconocida educadora familiar colombiana, resume los efectos del castigo físico cuando afirma que este no produce en quien lo padece respeto sino desprecio, no produce admiración sino temor y no produce deseos de enmendarse sino de vengarse.

 

  1. ¿En qué afecta la relación de crianza padres-hijos el castigar de forma física o violenta?

Es una de las desventajas más grandes, porque cuando se aplica esta conducta se generan en los niños sentimientos encontrados, en los que hay fases de desprecio y resentimiento mezclados con el amor. Entonces los niños a veces no saben si odiar o querer a sus padres, convirtiéndose esta ambivalencia afectiva en algo dañino en el contexto de la crianza. Además, produce afectación emocional no solo en los niños sino en los padres, generando en ellos con frecuencia una sensación de culpa e indignidad, por la utilización de la fuerza contra una persona que no está en capacidad física de defenderse.

 

  1. ¿En qué consiste específicamente la propuesta pedagógica de la SCP que acompaña la socialización de este proyecto de ley?

En el contexto de la crianza hay momentos difíciles y complejos en los que necesariamente van a aparecer confrontaciones padres-hijos, secundarias a comportamientos no deseables. Por ello, es necesario, desde el punto de vista preventivo, ofrecerle a los padres otras herramientas no invasivas que en el acompañamiento a sus hijos sirvan como acciones disciplinares y correctivas, sin vulnerar la dignidad o la autoestima de los protagonistas.

Podemos entonces analizar una serie de actitudes que se pueden asumir con los hijos frente a la ocurrencia de conductas no deseables. Está el enfoque de la crianza positiva y el de la crianza respetuosa, con las consecuencias lógicas de los comportamientos de un niño, promoviendo así la evitación de acciones punitivas degradantes.

 

  1. ¿Cuál debe ser entonces el papel principal de los padres de familia y cuidadores dentro del proceso de la crianza? ¿Influyen en este tema los formadores académicos?

Nosotros hemos insistido durante mucho tiempo ante el Estado colombiano, en que los padres de familia deben conocer de manera amplia los hitos del crecimiento y el desarrollo de sus hijos, es decir que entiendan por ejemplo cual es el origen de una pataleta o porqué un adolescente a veces tiene un comportamiento retador; que puedan comprender que son actitudes completamente normales como parte de su desarrollo, pues cuando los padres desconocen que esto es normal, es cuando se generan los comportamientos reactivos que pueden dar lugar a situaciones violentas.

 

  1. ¿Cómo sería esa transformación cultural que proponen los pediatras del país en el proceso de la crianza, con miras a una cultura de Paz? ¿Qué significa la crianza humanizada y humanizante?

Definitivamente el ser humano es un sobreviviente de su infancia, y una infancia herida e inmersa en una gran cantidad de traumas de tipo físico, afectivo y emocional, se va traducir necesariamente en una serie de comportamientos y actitudes preocupantes ante la vida, por parte de aquellas personas que trasegaron por ese estilo traumático de crianza.

Si queremos promover un cambio trascendente en la sociedad  que nos lleve a una cultura de Paz, a una noción de tolerancia, empatía y respeto por el otro, tenemos que trabajar en las etapas tempranas de la niñez en el contexto de una crianza humanizada y humanizante, definida como el acompañamiento afectuoso e inteligente que le hacemos a los niños, niñas y adolescentes en la aventura de la vida, para que ellos como motores de su propio desarrollo, vayan construyendo y reconstruyendo las metas del desarrollo infantil: autoestima, autonomía, creatividad, solidaridad y salud.

Es fundamental trabajar a estos niveles con miras a una crianza respetuosa, una crianza con autoridad. La crianza necesita autoridad, pero ganada como un ascendiente ante los hijos, producto de un acompañamiento comprometido y apoyada por el ejemplo que les ofrecemos en la cotidianidad. Necesitamos entonces una autoridad dialógica, benevolente, serena y firme donde los niños sean interlocutores válidos en este trascendente proceso.