Pólvora: Cuidados y prevención, una mirada a una alerta actual

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Durante las celebraciones de Navidad y fin de año en Colombia, en los últimos cinco años, cerca de 5 mil personas presentaron lesiones asociadas al uso de pólvora. En relación al comportamiento de este evento, los niños, niñas y adolescentes corresponden a los grupos más afectados.  

Algunos de los artefactos más frecuentemente implicados son los totes (martinicas y triquitraques); 30% cohetes, 11.9%, voladores, 11.7%, luces de bengala, 4.7%, volcanes 4,6% y otros 25%.  En cuanto a la actividad de ocurrencia, la manipulación y la observación representan el mayor riesgo con el 63% y 22% respectivamente, sin embargo, el transportar y almacenar pólvora también son actividades de peligro.

En el periodo anterior de vigilancia de este evento, comprendido entre el 1 de diciembre de 2018 y el 13 de enero de 2019, se registraron 852 lesionados, entre quienes el 37% corresponde a menores de edad, así como 763 quemados, 97 amputados y 99 lesiones que comprometieron la visión y la audición. Las afectaciones en los niños por el uso de pólvora, derivan desde lesiones físicas irreversibles hasta la muerte por ingestión de fósforo blanco (totes, martinicas, triquitraques).

Según el reporte del informe de vigilancia intensificada de lesiones por pólvora del Instituto Nacional de Salud de Colombia, las entidades territoriales con mayor ocurrencia son Antioquia, Velle del Cauca y Atlántico (contexto pirotécnico).

Estos datos y la frecuencia de los eventos en los servicios de urgencias y unidades de cuidado intensivo pediátrico, hacen poner nuestra atención en varios aspectos, como la prevención y optimizar cuidados en casa.  En algunas regiones de nuestro país es un aspecto cultural y se reitera la importancia del no uso de pólvora por los menores de edad.

Los grupos poblacionales de mayor riesgo son los menores de 10 años de edad, entre quienes se deben incrementar las medidas de prevención del contacto, puesto el sólo manipularlo y no lavarse las manos representa un riesgo. Este grupo etáreo, en su mayoría, presenta intoxicaciones de manera accidental o por descuido, al tener acceso a estos artefactos en vía pública.

En los casos de intoxicación con fósforo blanco (ingesta de totes), se debe direccionar al servicio de urgencias más cercano, teniendo en cuenta las fases clínicas de la intoxicación, el indagar por el tiempo de evolución. Uno de los síntomas más característicos es el dolor abdominal, presentando un alto riesgo de compromiso orgánico múltiple, nefro y hepatotoxicidad.

El pronóstico del paciente es multifactorial, y depende de la prontitud con que se inicie el tratamiento antidotal. El inicio temprano de N-Acetilcisteína puede disminuir el riesgo de hepatotoxicidad por esta sustancia. Se debe garantizar el manejo inicial durante el primer día y gestionar la remisión del paciente a un nivel superior donde continuará el tratamiento recomendado.

La normatividad actual vigente en cuanto a su prohibición y la sanción a los padres y cuidadores en los casos en los que resulten lesionados menores de edad con pólvora, limita la información oportuna, por lo tanto es relevante que desde el mismo momento de la sospecha de ingestión se brinde una atención integral y oportuna de estos casos.

De esta manera continuar fortaleciendo la prevención, sin lugar a duda: la mejor herramienta para poder lograr la meta de cero muertes asociadas a la ingesta de fòsforo blanco en Colombia.

Fuente: https://www.minsalud.gov.co/Paginas/polvora-mas-conciencia-cero-polvora.aspx

 

Dra. Diana Marcela Pava Garzón
Médico Toxicólogo