Embarazo en adolescentes como consecuencia de la violencia sexual

Escribe Sara Indira Ramírez Zubillaga

Politóloga. Feminista afrodescendiente

Nuestra sociedad ha cotidianizado la violencia sexual en muchos niveles,  uno de los más graves, ese que se materializa en embarazos forzados en niñas y adolescentes. La alta prevalencia de embarazo adolescente en el Perú genera una serie de retos para las políticas públicas que se están asumiendo muy limitadamente, ya que las cifras no progresan desde hace más de veinte años.

Aunque sabemos que el embarazo adolescente tiene un impacto negativo, en la niña-adolescente, como en las condiciones de vida de los hijos e hijas,  en lo concreto cada caso siempre va mucho más allá de lo que podemos imaginar considerando que la mayoría de ellos son producto de violación sexual: El 80% de víctimas de violación sexual en el Perú son niñas y adolescentes.[1]

La violación sexual afecta principalmente a niñas y adolescentes en el país y no suele ser un hecho aislado, sino que se trata de una cadena de violencia sexual (incluye insinuaciones, tocamientos, intentos de violación y violación).

Del total de adolescentes peruanas de 15 a 19 años, el 13.9% ya estuvo alguna vez embarazada[2].

Cada día:

58 menores de edad tienen un hijo[3]

3 niñas menores de 15 años en promedio dan a luz un nacido vivo en Perú[4]

11 niñas de 15 años dan a luz un nacido vivo en Perú[5]

Durante el 2015 se registraron 1,538 partos de niñas menores de 15 años[6]

Entre los años 2005 al 2015: 14, 358 adolescentes, menores de 15 años fueron madres.[7]

Considerando que la inmensa mayoría de embarazos en adolescentes son consecuencia de violación sexual, suelen ir tarde a los servicios de salud, lo que resulta grave ya que se  enfrentan muchas más complicaciones físicas y emocionales, incluyendo la muerte.

El embarazo adolescente debe ser prevenido y es  posible de prevenir

Debe ser prevenido porque no ocurre como parte de una decisión en el proyecto de vida de las adolescentes, ni como eventos aislados o repentinos. Son consecuencia de la interacción de múltiples factores que restan autonomía a las niñas y adolescentes de nuestro país. Entre ellos: la fuerte desigualdad de género, que legitima la violencia hacia las mujeres, teniendo como una de sus expresiones más graves la violencia sexual -especialmente hacia las niñas y las adolescentes-; los prejuicios entorno a la sexualidad, que abonan a que no haya políticas públicas para el desarrollo de niñas y adolescentes que accedan a servicios de calidad de salud sexual y reproductiva; la pobreza, y la precariedad de la educación sexual integral en las escuelas. Sobre este último punto el camino es aun largo, pues vencer el tabú de tratar la sexualidad como un aspecto más sobre el cual conocer y aprender en nuestro proceso de educación, pasa por superar la ceguera de algunos sectores conservadores sobre algo tan razonable como incorporar el enfoque de género en las escuelas.  Ese es el punto de partida para construir -y mantener- relaciones cada vez más igualitarias, con menos estereotipos y sin violencia sexual. La escuela debe constituirse entonces como un lugar seguro, y con recursos para prevenir y atender situaciones de violencia sexual, porque es desde la escuela que se puede apostar por la transformación cultural de nuestro relacionamiento que reconozca e incluya nuestras diferencias.

Puede ser prevenido, para ello se deben abocar estrategias intersectoriales (por ejemplo entre Educación y Salud, para tener educación sexual integral de calidad, empezando por actualizar la única normativa que existe que data del 2008[8]).  La educación puede ser el motor transformador entre una generación y otra y es por ello, que le otorgamos gran valor. Aun cuando la calidad educativa necesite ser mejorada, es un factor clave.

Ahora bien, también debe suceder algo muy elemental: Se debe asignar presupuesto. Trágicamente, en la actualidad no existe un presupuesto específico para disminución del embarazo adolescente en el Perú. Es urgente despertar de este letargo con soluciones estratégicas, es necesario que la clase política asuma con responsabilidad que en sus manos está el presente y el futuro de las niñas y adolescentes peruanas.

[1] Anuario estadístico de la Policía Nacional del Perú 2015
[2]Encuesta Demográfica y de Salud Familiar del año 2013, disponible en https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/publicaciones_digitales/Est/Lib1151/
[3] Ministerio de Salud – Informe estadístico del nacido vivo. Elaboración a cargo del INEI reportado en el Informe sobre Situación y desafíos del embarazo adolescente en el Perú rural del Fondo de Población de las Naciones Unidas.
[4] Ministerio de Salud – Informe estadístico del nacido vivo. Elaboración a cargo del INEI reportado en el Informe sobre Situación y desafíos del embarazo adolescente en el Perú rural del Fondo de Población de las Naciones Unidas.
[5] Dato proporcionado por representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas en el Congreso peruano de Ginecología el 11 de octubre del 2016.
[6] RENIEC- Registro de nacidos vivos 2015/2016.
[7] Ministerio de Salud. Dirección General de Estadística- Informe Estadístico del nacido vivo.
[8] El año 2008, el MINEDU publicó los “Lineamientos educativos y orientaciones pedagógicas para la educación sexual integral- Disponible en http://tutoria.minedu.gob.pe/assets/lineamientos-educativos-y-orientaciones-pedagogicos-para-educacion-sexual-integral.pdf

 

Tomado de: http://elgranangular.com/blog/opiniones/embarazo-en-adolescentes-como-consecuencia-de-la-violencia-sexual/