Cuatro años de aprendizaje y un trabajo en equipo por nuestros niños y adolescentes, marcado por una pandemia

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Simplemente, ¡Gracias!

Una reflexión muy personal en una época bastante especial para la mayoría de nosotros. Época de amor y recogimiento en familia, volviendo a lo básico y fundamental en la vida, nuestras familias, especialmente cuando termina un 2021 repleto de diversas emociones, luego de un 2020 aún más caótico por la aparición de un virus y una pandemia que aún no termina.

Después de dos periodos presidenciales en la Sociedad Colombiana de Pediatría (SCP) y una pandemia que sigue vigente, son muchas las experiencias y el aprendizaje que de manera significativa han enriquecido mi vida tanto en el campo personal como en el profesional. Por ejemplo, una de las enseñanzas que me ha dejado este periodo es que la adversidad es buena si sabes utilizarla para crecer y reinventarte, encarando al miedo y a la incertidumbre que se presentan, a partir de la construcción de la confianza teniendo como base el conocimiento, la experiencia y la empatía con el otro, y por supuesto, desde la mayor responsabilidad posible.

Si algo he pretendido en estos años, a través de un arduo trabajo en equipo compuesto por muchos actores a nivel nacional e internacional, entre ellos una Junta Directiva y 25 regionales de la SCP extendidas por todo el país, con la participación de destacados especialistas y subespecialistas de la pediatría, como de otros profesionales de la salud e integrantes del Gobierno Nacional; es dejar el nombre de la pediatría colombiana en alto, con la dignidad y el compromiso que requieren mis colegas y sobre todo nuestra infancia y adolescencia.

Para mí, la SCP se compone de muchas personas con una profesión en común, pero especialmente identificados por el amor a la niñez, una etapa determinante en la vida de cada ser humano. Con ellas compartimos objetivos afines y nuestra más grande misión derivadas del ser pediatras como lo es velar por el interés superior del niño, cuidando su salud y protegiendo sus derechos. Son ellos nuestra razón de ser, por quienes cada iniciativa gremial que en la vida real llamamos actividad, proyecto, programa, alianza, convenio, curso, diplomado, comunicado, publicación y evento, entre otras, trabajamos con cabeza, cuerpo y corazón, alimentados desde la sabiduría de nuestro profesionalismo, el alma que alienta cada ser y sin duda, el amor que nos impulsa a ponerle ese ‘toque secreto’ y nos caracteriza en este bello trabajo.     

Sé que no todo ha sido ‘color de rosa’, han sido muchos los momentos vividos, angustias, tristezas, alegrías, desilusiones, pero también esperanza, aquella que no he perdido en mis ganas de contribuir desde mi labor por un mundo mejor para quienes lo merecen: los niños. El trabajo como profesional de la salud no ha sido fácil en medio de esta pandemia por Covid-19, porque hemos visto partir con dolor a muchas personas, cercanas y lejanas, propios y extraños, en medio de las duras condiciones que este virus ha traído consigo. Sin embargo, a la luz del avance de las investigaciones en esta materia y una posible vacuna para erradicar la terrible enfermedad y las consecuencias graves del SARS-CoV-2, entre ellas la muerte, aparecieron cada vez más motivos para dejar atrás este inolvidable suceso que sigue en el presente, comprendiendo el comportamiento de este virus en cada población y la rápida aplicación de una inmunización para erradicarlo, por supuesto, que incluyera a los niños, niñas y adolescentes.

Mientras el mundo continuaba con el mismo panorama de la pandemia, la virtualidad reemplazó a la presencialidad. Nuestros niños y adolescentes regresaron a sus casas por tiempo indefinido, al igual que la población adulta debió continuar sus labores desde sus hogares, con teletrabajo. El trabajo y el estudio se concentraron en el seno de cada familia, presentándose con esta ‘nueva realidad’ diferentes situaciones de salud infantil y familiar, las cuales en el contexto pediátrico empezamos a enfrentar desde la consulta virtual. Ansiedad, depresión, esquemas incompletos de vacunación, maltrato familiar y desnutrición, entre otros aspectos, fueron la constante y en algunos casos, siguen presentándose a pesar del avance con la llegada de la vacuna. El duelo por la muerte de familiares, la partida de seres cercanos y aquellos niños huérfanos, como balance de este Coronavirus, sin duda es de las cosas más difíciles que hemos tenido que vivir mis colegas y yo. 

Los casos por Covid-19 empezaron a disminuir y lo siguen haciendo, marcados hoy en día por altibajos, con la aplicación de la vacuna en la población adulta mayor, adulta (incluyendo a mujeres gestantes), joven e infantil. También, la presencialidad retornó y lo sigue haciendo de manera gradual, aunque la virtualidad no ha pasado del todo a un segundo plano. Esa ‘luz de esperanza’ sigue ‘brillando’ para nosotros los pediatras y claro, para cada familia, con la aplicación de la vacuna contra este virus en nuestros niños y adolescentes colombianos, la cual inició desde los 16 años, luego pasó a partir de 12 años y actualmente, se encuentra desde los 3 años de edad. Todo esto, liderado por el Gobierno Nacional, con el acompañamiento de las sociedades científicas como la nuestra y el concepto basado en la evidencia, en cada caso.

Sin embargo, el trabajo no debe parar. Porque son muchos los niños, las mujeres gestantes y los adultos que no reciben su vacuna. Haciendo énfasis en la población infantil, nosotros como pediatras debemos concientizar a cada padre de familia, cuidador y docente sobre la efectividad de cada vacuna en cada niño, niña o adolescente, porque la idea es que TODOS sean vacunados, que todos seamos vacunados, teniendo en cuenta que los beneficios superan los riesgos, y que esos riesgos son los propios, es decir los que trae consigo cada vacuna. De igual manera, velar porque el esquema de vacunación sea completado en cada caso, porque las demás enfermedades siguen siendo una realidad mientras haya una pandemia.

La labor por la niñez cada vez es más grande, porque queremos que cada uno de ellos, como su salud y bienestar, sean visibles ante el Estado. Que no falte una cama pediátrica en cada rincón del país, para que podamos como pediatras poner nuestro conocimiento al servicio de los pacientes en cada institución médica, y podamos cumplir el propósito como especialistas en este ámbito de la salud, así como el objetivo misional de la SCP de propender por el bienestar de los niños, niñas, adolescentes y sus familias, con el progreso de sus asociados. 

Para finalizar quiero agradecer a cada uno de ustedes: colegas, amigos y compañeros de Junta Directiva; a Gloria Zuccardi, Directora Ejecutiva, y al equipo administrativo de nuestra Sede Nacional, cuyo acompañamiento en estos años forjó un cariño y una amistad enmarcada en el ámbito de lo que nos apasiona, trabajar y contribuir a la niñez. Las personas pasan y las instituciones prevalecen, por esta razón termino una etapa de mi vida que asumí con la seriedad, humildad y responsabilidad que me caracterizan, pero sobre todo con el amor y respeto que merecen los niños y adolescentes de nuestro país y el mundo… Nada es totalmente bueno o totalmente malo, nada es absoluto ni estático, todo cambia. ¿Qué quiero que pase? ¿Qué puedo hacer para lograrlo?… Aprendí que el bien colectivo prima sobre el personal y que la libertad individual llega hasta donde no compromete a mi semejante, con mis acciones.

 

Marcela Fama, Presidente Sociedad Colombiana de Pediatría, 2018 – 2022


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