La crianza y el goce

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Juan Fernando Gómez Ramírez
Pediatra Puericultor

En este mes de la niñez y la recreación consideramos pertinente hacer algunas reflexiones alrededor de la crianza y el disfrute de la misma por parte de unos de sus protagonistas: los padres.

En términos  biológicos, el ser humano pertenece al grupo de los animales altriciales (de crianza prolongada), habida cuenta de que nace en una condición inmadura y desvalida, de manera que necesita cuidado parental o tutelar durante un tiempo largo después del nacimiento. Mientras más desarrollada es una especie, mayor será el tiempo de dependencia y de crianza, por lo cual el ser humano es el único animal que permanece junto a sus padres durante la tercera parte de su existencia. Lo anterior definido asertivamente por el psiquiatra español Juan Rof Carballo cuando afirma que “El hombre debe su grandeza a su extrema invalidez cuando nace, prematuramente, y a la necesidad que tiene de ser tutelado y acariciado”.

Es claro que la llegada de los hijos impacta la estructura familiar y que nada en la vida vuelve a ser igual después de esta trascendental vivencia. Pero también es claro para ellos y nosotros que los hijos constituyen una inmensa fuente de felicidad, a pesar de las tensiones y dificultades inherentes al proceso de la crianza, que a lo largo de la historia ha dejado de ser fácil.

El goce de trascender biológicamente en nuestros hijos, debe complementarse con su cuidado y acompañamiento hasta hacer de ellos unos seres autónomos, capaces de asumir el comando de sus propias vidas con un referente ético y prosocial, donde el comportamiento fundamentado en los valores vividos e inculcados por los padres, haga de ellos excelentes personas y los agentes de cambio que nuestra sociedad reclama con urgencia.

Somos conscientes los acompañantes de la crianza, en que dicho cometido es una responsabilidad que oscila entre la satisfacción de asumir su función y el temor a equivocarse. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado la diferencia entre criar y malcriar? Esta ambivalencia genera ansiedad, explicable por la proyección y dimensión que se le da en los nuevos tiempos al papel de padres y orientadores.

Asumir esta apasionante fase del proyecto de vida de los padres se facilita mucho si está acompañada del amor incondicional hacia sus hijos, la tradición cultural, el sentido común y algunos conocimientos científicos que hoy se agrupan bajo el nombre de la Puericultura, entendida como la ciencia y el arte de la crianza.

Como padres, debemos engendrar los hijos si estamos dispuestos a disfrutarlos y a buscar en su compañía la felicidad, a pesar de las dificultades inherentes al proceso de crianza, entendiendo como la poeta Margarita Rumbeck, que “la felicidad no es una meta a la que hay que llegar, sino una manera de viajar por la vida”.