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El futuro de Colombia: nuestros niños, en grave peligro

deluEl país se encuentra indignado y alarma- do por las constantes y repetitivas noticias en los medios de comunicación, con respec- to a la catastrófica situación por la que están atravesando en estos momentos nuestros niños, niñas y adolescentes. Este panorama lo volvemos a poner sobre la mesa y en a agenda nacional, por los episodios de violencia extrema que en los últimos días han conmovido al país y que han hecho que miles de personas salgan a marchar a las calles para exigir justicia y protección para los niños. ¡Es una gran vergüenza nacional! El tema es incomprensible, a pesar de que la Constitución de 1991 establece que: “Los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás”.

En días pasados, el Instituto Interamerica- no del Niño, Niña y Adolescentes (IIN) infor- mó que cerca de 80.000 niños mueren al año en América como víctimas de explotación laboral, sexual, abandono y maltrato. De la cifra anterior, solo en Colombia, en un año, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) recibió en protección a 20.000 menores víctimas de explotación laboral y abuso sexual. Nos ha faltado ser más conscientes, sobre todo a nivel familiar. No podemos permitir que en nuestras familias se sigan perdiendo los valores y el respeto por la unidad familiar, así como el control y acompañamiento a nuestros hijos, ¿qué nos pasa? Tampoco podemos olvidar las campañas televisivas y radiales ya desaparecidas, que veíamos y escuchábamos años atrás: ¿Sabe usted dónde están sus hijos en estos momen- tos? En muchas familias colombianas no revisamos los cuadernos de nuestros hijos o los dejamos solos en internet; esto conduce a la pérdida de valores.

Sin embargo, el Estado también tiene su culpa en estas estadísticas negativas, pues no se han penalizado de una forma ejemplar los casos en que se ha demos- trado irresponsabilidad familiar.

Hace unos días, el Director General del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Dr. Carlos Valdés, informó sobre 105 muertes de menores de 18 años en las primeras tres semanas del año, lo cual es una muestra clara de la desprotección en que se encuentran los niños, niñas y adolescentes en Colombia. Cuarenta de ellos fueron víctimas de homicidio, 19 de accidentes de tránsito, 16 de muertes en accidentes caseros o en el colegio, 17 de muertes cuya causa está aún en estudio y la alarmante cifra de 13 suicidios en este grupo de edad.

Sin haberse cumplido para ese en- tonces el primer mes del año (a hoy han pasados tres meses y podríamos multipli- car por tres… suena diabólico, pero es la realidad), así va quedando al descubierto la radiografía de una intolerable situación de violencia contra los más pequeños.

Según estudios de esa entidad, en el 85% de los casos el agresor es un integrante de la familia. La última cifra reportada dice que cada nueve horas un menor de edad es asesinado en el país, cada 30 minutos uno es víctima de agre- sión sexual y cada 60 minutos un niño o adolescente es sometido a un examen por violencia intrafamiliar. Y qué decir del conflicto armado colombiano, pues de acuerdo con los últimos reportes de la ONG Oxfam, 48.915 menores de 18 años han sido víctimas de violencia sexual. Entre 2008 y 2012, los departamentos más afectados fueron Antioquia, Valle del Cauca, Nariño, Santander y la ciudad de Bogotá.

Pero, más preocupante aún es obser- var cómo en un país donde se habla de diálogos de paz, cada mes 20 menores son reclutados por grupos al margen de la ley y, según estadísticas, la mitad de las víctimas por desplazamiento tienen menos de 18 años de edad. Tan solo en 2014, fueron asesinados 940 menores de edad, el 8% del total de homicidios en el país y el Valle del Cauca fue la región más crítica.

La Sociedad Colombiana de Pediatría (SCP) rechaza de forma vehemente los actos de violencia contra la niñez y ado- lescencia en el país. No obstante, más allá del escándalo mediático que por supuesto suscita el tema y el rechazo que generan estos graves hechos, hemos de reflexionar sobre qué debemos hacer como sociedad para frenar esta absurda violencia. Por esta razón, la SCP ha venido resaltando la necesidad de lograr posicionar a los niños, niñas y adolescentes como los individuos más importantes entre la sociedad.

Conocer y aprender cuáles son sus derechos, consagrados en la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (CIDN) y el Código de la Infancia y la Adolescencia, de acuerdo con la Constitución Política de Colombia, se hace realmente urgente e importante. La familia, los profesores, la sociedad, el personal de la salud, nuestros pediatras y la comunidad en general, deben ser in- formados y capacitados sobre este tema.

El Gobierno Nacional debe actuar de manera contundente, consistente y persistente, demostrando que los niños, niñas y adolescentes juegan un papel pre- ponderante en las políticas del Estado. No debemos olvidar que ellos son nuestro futuro, hay que respetarlos y ofrecerles una atención de calidad, actos de repa- ración y, sobre todo, una recuperación psicosocial eficiente y efectiva.

Colombia no puede seguir con el título internacional de ‘violador de los derechos de los niños’. Denunciemos actos en contra de nuestros niños y adolescentes. ¡NO MÁS INDIFERENCIA!

 

Nicolás Ignacio Ramos Rodríguez

Presidente Sociedad Colombiana de Pediatría (SCP)

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